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Desconexión digital: buenas prácticas preventivas en las empresas

desconexión digital

El uso constante de las tecnologías digitales puede conducir a una sobrecarga de trabajo y a la falta de conciliación entre el plano laboral, familiar y social, afectando a la salud física y mental de las personas trabajadoras.

Por ello, la mutua Umivale Activa ha redactado una guía de buenas prácticas con pautas para definir e implementar un protocolo de desconexión digital en las organizaciones. Una campaña enmarcada en la Semana Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo, que anualmente organiza la Agencia Europea EU-OSHA y que este año sigue poniendo el foco por tercer año consecutivo en los trabajos seguros y saludables en la era digital.

“La desconexión digital es un derecho de cualquier persona trabajadora que garantiza el poder desvincularse del trabajo, absteniéndose de participar en cualquier tipo de comunicación digital, fuera de sus horas de trabajo. Las empresas deben conocer la normativa y saber qué pautas deben aplicar al respecto”, ha señalado José Luis Cebrián, coordinador del Servicio de Actividades Preventivas.

Así, la guía se centra en la importancia y la implementación de la desconexión digital en el entorno de trabajo. Introduce conceptos como el "tecnoestrés", "tecnofatiga" y "tecnoadicción" como problemas crecientes debido a la dependencia de las tecnologías digitales.

La campaña viene a completar el material de desconexión digital que la mutua ya tenía publicado en su web, con consejos para una adecuada desconexión y medidas preventivas a adoptar tanto por la empresa como por las personas trabajadoras. Además, cuenta con material específico sobre tecnoestrés.

Entre los beneficios que aporta la desconexión digital podemos citar los siguientes:

  • Para la persona trabajadora: Preserva la salud física y mental, previene trastornos psicológicos (estrés, burnout), mejora la calidad de vida, fomenta la motivación, potencia el sentido de pertenencia y favorece la conciliación.
  • Para la empresa: Aumenta la productividad, rendimiento y sostenibilidad, mejora el clima laboral, promueve el compromiso, mejora la reputación y asegura el cumplimiento normativo.

Riesgos laborales por el uso continuado de tecnologías digitales

La falta de desconexión compromete la salud y seguridad, agravando factores de riesgo ergonómicos y psicosociales. La guía identifica los riesgos más relevantes:

  • Factores de riesgo ergonómico: Trastornos musculoesqueléticos y fatiga visual por posturas forzadas, movimientos repetitivos y exigencias visuales intensas.
  • Factores de riesgo psicosocial: Jornadas prolongadas, hiperconexión, pérdida de autonomía, trabajo monótono, aislamiento social, dificultad de comunicación, sobrecarga de trabajo y tecnoestrés (dificultad para adaptarse a tecnologías y dependencia excesiva).
  • Riesgos emergentes: Tecnoestrés, tecnofatiga, tecnoadicción, ciberacoso y ciberviolencia.

Daños en la salud por la no desconexión

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  • Físicos y fisiológicos: Trastornos musculoesqueléticos, Text neck, fatiga visual, enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, trastornos del sueño o dolores de cabeza.
  • Psicosociales: Estrés, depresión, ansiedad, burnout, aislamiento social, síndrome de fatiga informativa (infoxicación), síndrome FOMO (miedo a quedarse fuera), apnea de WhatsApp, síndrome de la vibración fantasma, sleep texting, nomofobia y tecnoferencia.

Protocolo de desconexión digital

El objetivo de la desconexión digital es potenciar el derecho a la conciliación laboral, personal y familiar, limitando el uso de comunicaciones laborales a la jornada de trabajo pactada.

Entre las obligaciones de las empresas la normativa contempla la limitación del uso de medios tecnológicos a la duración máxima de la jornada laboral. También elaborar una política interna que defina las modalidades de desconexión, realizar formación y sensibilización sobre el uso razonable de herramientas tecnológicas y organizar la jornada laboral para garantizar el descanso.

Medidas concretas para la desconexión efectiva

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  • Modalidades del ejercicio del derecho y reglas de disponibilidad: Definir puestos sujetos a disponibilidad, horarios de no disponibilidad, y situaciones excepcionales de contacto (emergencias).
  • Establecer horarios de desconexión: Definir franjas horarias sin comunicaciones, revisar registros horarios y comunicar a clientes/proveedores.
  • Fomentar la cultura basada en la eficiencia: Promover la gestión eficiente del tiempo, trabajo por objetivos y roles de los mandos intermedios.
  • Desactivar notificaciones fuera del horario: Indicar a los trabajadores cómo desactivar notificaciones, considerar programas que impidan la recepción/envío de comunicaciones, usar correos retardados y activar respuestas automáticas en ausencias.
  • Establecer una política de dispositivos digitales corporativos: Definir el uso exclusivo de dispositivos para el trabajo e incluir horarios de disponibilidad.
  • Definir una vía de comunicación preferente: Establecer una única vía para emergencias.
  • Formación y sensibilización: Impartir cursos sobre los efectos negativos de la sobrecarga, gestión del tiempo, uso de dispositivos y medidas prácticas.
  • Planificar el horario de las reuniones: Realizarlas dentro de la jornada, limitar su duración y temas.
  • Implementar jornadas flexibles: Permitir a la plantilla elegir horarios dentro de límites para conciliar.
  • Promover pausas y descansos: Fomentar interrupciones del uso de tecnologías durante la jornada.

Es crucial realizar un seguimiento periódico del protocolo para asegurar su correcta implementación y adaptación a cambios organizativos o tecnológicos. La revisión debe incluir entrevistas o cuestionarios a los trabajadores.

Esta guía y el resto de materiales ya se pueden consultar y descargar en umivaleactiva.es, dentro del apartado de Gestión de la prevención de riesgos laborales.

 

16/10/2025


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