• |
  • |

Tu cuerpo está hecho para moverse: cada pequeño gesto cuenta para tu salud

caminar

El cuerpo humano está diseñado para el movimiento, sin embargo, en la actualidad, muchas personas pasan más de ocho horas al día sentadas, con escasos momentos de actividad a lo largo de la jornada laboral. Probablemente la persona que esté leyendo esto en este momento se encuentre sentada de cara al ordenador. Esta falta de movimiento no es neutra: se asocia a un mayor riesgo cardiovascular, metabólico y a un peor bienestar físico y mental.

La idea clave de esta primera sesión es sencilla pero potente: no se trata de entrenar más, sino de moverse mejor y con constancia. El cuerpo no necesita heroicidades, necesita regularidad. Un poco de movimiento cada día puede cambiar de forma significativa cómo te sientes y cómo rindes. De hecho, una parte importante de la población adulta no alcanza los niveles mínimos de actividad física recomendados, a pesar de que 30 minutos diarios de movimiento ya pueden reducir el riesgo de enfermedades crónicas y mejorar el bienestar general.

¿Qué significa realmente “moverse”?

Cuando hablamos de movimiento, no nos referimos solo al deporte o al gimnasio. Existen distintas formas de moverse, todas ellas relevantes para la salud:

  • Movimiento útil: son aquellos pequeños gestos que rompen largos periodos de sedentarismo y se integran de forma natural en la rutina. Reuniones de pie, estirarse durante una llamada telefónica o realizar ejercicios de movilidad y respiración entre tareas son ejemplos sencillos y eficaces.
  • Actividad física: es cualquier movimiento corporal que implique gasto de energía. Incluye acciones cotidianas como caminar, subir escaleras, levantarse de la silla o cambiar de postura. En el entorno laboral, ejemplos claros son levantarse cada hora, ir a hablar con un compañero en lugar de enviar un correo o aprovechar las pausas para caminar unos minutos.
  • Ejercicio físico: es una actividad planificada y estructurada cuyo objetivo es mejorar las capacidades físicas: fuerza, resistencia, flexibilidad o coordinación. Aquí entran las sesiones de entrenamiento, las clases guiadas o las caminatas programadas antes o después de la jornada laboral.

La diferencia entre actividad física y ejercicio está en la planificación, pero ambos cuentan para la salud. Incluso pausas activas de 5–10 minutos, mantenidas con regularidad, pueden generar beneficios comparables a entrenamientos más largos.

Y el movimiento ¿qué papel tiene?

Moverse de forma regular tiene un impacto directo sobre el cuerpo, la mente y el metabolismo. Estos efectos no solo mejoran la salud a largo plazo, sino también el bienestar y el rendimiento en el día a día laboral.

Beneficios físicos, mentales y metabólicos del movimiento:

  • Físicos: El movimiento regular fortalece músculos y huesos, mejora la estabilidad articular y reduce el riesgo de dolores y lesiones musculoesqueléticas. Alternar posturas y realizar pequeños estiramientos durante la jornada disminuye la rigidez, especialmente en cuello y zona lumbar, y mejora la postura corporal. Además, al aumentar el flujo sanguíneo y la oxigenación de los tejidos, se mejora la capacidad cardiovascular y pulmonar, reduciendo la fatiga y favoreciendo una mayor productividad.
  • Mental y emocional: moverse ayuda a despejar la mente y favorece la liberación de sustancias asociadas al bienestar, lo que contribuye a reducir el estrés y la ansiedad, mejorar la concentración y estimular la creatividad. Las pausas activas, especialmente cuando se realizan en grupo, refuerzan el clima laboral y favorecen un mejor descanso nocturno.
  • Metabólicos: mantenerse activo mejora el uso de la glucosa, regula la energía tras las comidas y contribuye al control de la presión arterial y de la grasa visceral. En términos sencillos, cuando te mueves, tus “baterías internas” funcionan mejor: tienes más energía, digieres mejor, descansas mejor y llegas al final del día con menos sensación de agotamiento.

El triángulo del bienestar: moverse, comer y descansar

El bienestar no depende de un solo factor, sino del equilibrio entre movimiento, alimentación y descanso, con la hidratación como apoyo imprescindible. Estos pilares se refuerzan entre sí: moverse favorece un mejor descanso, comer bien aporta el combustible necesario para rendir y dormir permite recuperar lo trabajado durante el día.

Durante la jornada laboral, combinar pausas de movimiento con una hidratación adecuada y comidas equilibradas ayuda a mantener la atención, reducir molestias físicas y evitar el cansancio de última hora.

Pasa a la acción: Empieza por algo pequeño

El mensaje final de esta sesión es claro y realista. Tu cuerpo está preparado para moverse, aunque lleves tiempo sin hacerlo. Cada gesto cuenta: levantarte en una reunión larga, subir escaleras, caminar mientras hablas por teléfono o estirar cuello y espalda unos minutos.

No se trata de hacerlo perfecto, sino de empezar. Un cambio pequeño mantenido en el tiempo —por ejemplo, 10 minutos diarios de movimiento— tiene más impacto que un gran propósito que se abandona a la semana.

 

27/02/2026