Seis creencias alimentarias que te aconsejamos cambiar para que tu alimentación sea más saludable
¿Cuántas veces has escuchado las expresiones: “Me han dicho que…”, “He oído que…” o “A mí me funciona…”? Las creencias alimentarias nos llevan a tener hábitos alimentarios poco saludables y en ocasiones suponen un riesgo para nuestra salud. Se definen como conocimientos socialmente construidos que los individuos y los grupos comparten sobre los alimentos, que están influenciados por factores culturales y juegan un papel en la construcción social de los significados asociados a los alimentos.
Otro concepto muy extendido es la mitocracia, que hace referencia a la tiranía de las normas absurdas que se han convertido en mitos y que limitan nuestra forma de pensar y actuar.
Sea cual sea el concepto que empleemos, todas comparten las mismas características:
- Afirman lo contrario de lo que realmente es.
- Tienden a confundirnos y pueden influir en nuestros hábitos alimentarios e incluso perjudicarnos
- No tienen base científica y en el caso de que se respalden con algún artículo científico hay que revisarlo bien.
- Se difunden entre la población, famosos o medios de comunicación y habitualmente los charlatanes, curanderos o “famosillos” buscan intereses económicos acosta de la salud de las personas.
- También se difunden por espacios públicos: colegios, gimnasios, supermercados, peluquerías, en el trabajo, entre familiares y amigos, etc.
Así que vamos a identificar y dar motivos por los que las siguientes 6 creencias alimentarias no tienen sentido y conviene desmitificar para llevar unos hábitos alimentarios saludables y sostenibles en el tiempo.
Tengo que hacer las cinco comidas al día
Si te planteo estos dos menús, ¿cuál elegirías?
- Menú de cinco ingestas: desayuno con un zumo envasado y cinco galletas, media mañana con un bocadillo de longanizas con patatas fritas, comida con espaguetis carbonara y un yogur de macedonia, merienda con un paquete de fritos y una bebida azucarada y para cenar hamburguesas con tomate y un yogur azucarado.
- Menú de tres ingestas: desayuno con un tazón de fresas y plátano, un vaso de leche con muesli integral y una onza de chocolate 75% cacao; para comer una ensalada de tomate, pasta con verduras y salmón y una pieza de fruta y para cenar un revuelto de verduras con pan integral y un yogur natural con nueces.
No es imperativo tener que realizar las cinco comidas al día, ya que dependerá de varios factores. El primero el tipo de hambre, fisiológico o emocional y tenemos que aprender a identificarlo. El segundo la calidad de cada uno de los alimentos. Y el tercero tener en cuenta variables como el horario laboral, el contexto, la práctica deportiva o padecer una enfermedad. Así que decidas lo que decidas, es importante que los cambios sean progresivos y te encamines hacia una alimentación lo menos procesada posible.
El fiambre de pavo es más saludable
El fiambre de pavo es una carne procesada que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se debe de reducir por los riesgos asociados a diferentes enfermedades. Por lo que su consumo debe ser “cuanto menos, mejor”.
Ahora bien, en el caso de que decidas escoger este tipo de fiambre o similar para tus tostadas, bocadillos o platos no olvides fijarte en que debe tener alto porcentaje de carne y no llevar ningún ingrediente añadido como azúcares, agua o proteínas.
Si un alimento tiene aceite vegetal significa que es más saludable
Las grasas se pueden clasificar en varios grupos y uno de ellos son los ácidos grasos. Estos son las piezas que forman esas grasas y según su forma se clasifican en:
- Saturados. sólidas a temperatura ambiente y generalmente tienen mayor relación con la enfermedad cardiovascular (ECV), pero depende de la cantidad de átomos de carbono. El aceite de coco y aceite o grasa de palma presentan este tipo de ácido graso.
- Monoinsaturados. Son grasas líquidas a temperatura ambiente que ayudan a cuidar el colesterol y buen aliado en la ECV. El aceite de oliva, de cacahuete, de nabina o colza y el de aguacate son ejemplos.
- Poliinsaturados. Son grasas esenciales que nuestro cuerpo no puede fabricar y hay que consumir con la alimentación. En el caso de los aceites, conviene consumirlos con equilibrio como sería el aceite de girasol, de soja, de nuez o de lino
- Trans. Son grasas artificiales, creadas industrialmente y que tienen un efecto directo en la ECV y son muy perjudiciales para la salud.
Así que según el tipo de ácido graso que sea, serán o no beneficiosos para el organismo y la salud cardiovascular.
El agua engorda
Esta creencia resulta bastante ilógica teniendo en cuenta que el agua está compuesta por minerales y estos micronutrientes no tienen calorías. Pero aún daremos más motivos para desmitificarlo:
- Con gas o sin gas, el agua no aporta energía, por lo que nunca debe considerarse como factor preocupante sobre el aumento de peso. Sí aportan calorías las aguas de sabores que lleven azúcares.
- El agua no engorda en las comidas, porque no aporta valor calórico a la dieta, tanto si se bebe antes, durante o después de la ingesta de alimentos.
- Sería interesante beber antes y durante las comidas, ya que nos llena y podría ayudar a consumir menos ingesta de alimentos.
El agua con limón desintoxica el cuerpo o el agua con limón ayuda a perder peso
Nuestro cuerpo no necesita hacer ningún depurativo o porque tiene órganos extremadamente eficientes que se encargan de limpiar nuestro interior, como son los riñones, el hígado, el intestino, la piel y los pulmones.
Si has visto el agua con limón en diferentes estrategias no tiene nada que ver en la pérdida de peso, sino con otros mecanismos. Así que, si te gusta el agua con limón, ¡bébela! Pero porque te gusta, no porque tenga “curas milagrosas” (¡porque no las tiene!
Beber una copa de vino es cardiosaludable
La OMS lo tiene claro “Cuanto menos alcohol, mejor. Cuanto más, peor”. Y organismos como la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer y el Foro Mundial para la Investigación del Cáncer afirman la relación del alcohol con numerosas enfermedades, sin presentar ningún beneficio, aun siendo pequeña la cantidad.
La evidencia científica no demuestra que el consumo de vino y de cerveza tenga un efecto protector en la reducción del riesgo cardiometabólico o de cualquier otra enfermedad que supere a los posibles daños y se debe evitar recomendar el consumo de bebidas alcohólicas específicas atribuyéndoles beneficios para la salud.
Es importante que la población entienda que cuidar su alimentación y realizar actividad física, son modificaciones del estilo de vida mucho más eficaces y seguros que el consumo de bajo riesgo de vino o cerveza.
Y si hubiera algún estudio científico que afirme o sugiera que beber moderadamente alcohol presenta beneficios para la salud, tendremos que preguntarnos ¿está financiado por alguna empresa del sector vinícola o cervecera? ¿Presenta algún conflicto de interés? ¿De qué tipo de estudio se trata?
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